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OCTAVIO PAZ (México 1914 - ´1998)

Octavio PazEscritor y poeta, ganador del Premio Nobel de 1990, es uno de
los poetas de habla castellana de mayor renombre a nivel mundial.
Octavio Paz también ha incursionado en la política y la diplomacia.
Presentamos en esta página cinco de sus mejores poemas

ESPEJO

Hay una noche,
un tiempo hueco, sin testigos,
una noche de uñas y silencio,
páramo sin orillas,
isla de yelo entre los días;
una noche sin nadie
sino su soledad multiplicada.

Se regresa de unos labios
nocturnos, fluviales,
lentas orillas de coral y savia,
de un deseo, erguido
como la flor bajo la lluvia, insomne
collar de fuego al cuello de la noche,
o se regresa de uno mismo a uno mismo,
y entre espejos impávidos un rostro
me repite a mi rostro, un rostro
que enmascara a mi rostro.

Frente a los juegos fatuos del espejo
mi ser es pira y es ceniza,
respira y es ceniza,
y ardo y me quemo y resplandezco y miento
un yo que empuña, muerto,
una daga de humo que le finge
la evidencia de sangre de la herida,
y un yo, mi yo penúltimo,
que sólo pide olvido, sombra, nada,
final mentira que lo enciende y quema.

De una máscara a otra
hay siempre un yo penúltimo que pide.
Y me hundo en mí mismo y no me toco.

1934

PREGUNTA

Déjame, sí, déjame, dios o ángel, demonio.
Déjame a solas, turba angélica,
solo conmigo, con mi multitud.
Estoy con uno como yo,
que no me reconoce y me muestra mis armas;
con uno que me abraza y me hiere
—y se dice mi hijo—;
con uno que huye con mi cuerpo;
con uno que me odia porque yo soy él mismo.

Mira, tú que huyes,
aborrecible hermano mío,
tú que enciendes las hogueras terrestres,
tú, el de las islas y el de las llamaradas,
mírate y dime:
ese que corre,
ese que alza lenguas y antorchas
para llamar al cielo y lo incendia;
ese que es una estrella lenta que desciende;
aquel que es como un arma resonante,
¿es el tuyo, tu ser, hecho de horas
y voraces minutos?

¿Quién sabe lo que es un cuerpo,
un alma,
y el sitio en que se juntan
y cómo el cuerpo se ilumina
y el alma se obscurece,
hasta fundirse, carne y alma,
en una sola y viva sombra?
¿Y somos esa imagen que soñamos,
sueños al tiempo hurtados,
sueños del tiempo por burlar el tiempo?

En soledad pregunto,
a soledad pregunto.
Y rasgo mi boca amante de palabras
y me arranco los ojos
henchidos de mentiras y apariencias,
y arrojo lo que el tiempo
deposita en mi alma,
miserias deslumbrantes,
ola que se retira...

Bajo del cielo puro,
metal de tranquilos, absortos resplandores,
pregunto, ya desnudo:
me voy borrando todo,
me voy haciendo un vago signo sobre el agua,
espejo en un espejo.

PIEDRA DE TOQUE

Aparece
Ayúdame a existir
Ayúdate a existir
Oh inexistente por lo que existo
Oh presentida que me presiente
Soñada que me sueña
Apariencia desvanecida
Ven vuela adviene despierta
Rompe diques avanza
Maleza de blancuras
Marea de armas blancas
Mar sin brida galopando en la noche
Estrella en pie
Esplendor que te clavas en el pecho
(Canta herida ciérrate boca)
Aparece
Hoja en blanco tatuada de otoño
Bello astro de pausados movimientos de tigre
Prerezoso relámpago
Aguila fija parpadeante
Cae pluma flecha engalanada cae
Da al fin la hora del encuentro
Reloj de sangre
Piedra de toque de esta vida

NI EL CIELO NI LA TIERRA

Atrás el cielo,
atrás la luz y su navaja,
atrás los muros de salitre,
atrás las calles que dan siempre a otras calles.
Atrás mi piel de vidrios erizados,
atrás mis uñas y mis dientes
caídos en el pozo del espejo.
Atrás la puerta que se cierra,
el cuerpo que se abre.
Atrás, amor encarnizado,
pureza que destruye,
garras de seda, labios de ceniza.

Atrás, tierra o cielo.

Sentados a las mesas
donde beben la sangre de los pobres:
la mesa del dinero,
la mesa de la gloria y de la justicia,
la mesa del poder y la mesa de Dios
—la sagrada familia de su pesebre,
la Fuente de la Vida,
el espejo quebrado en que Narciso
a sí mismo se bebe y no se sacia
y el hígado, alimento de profetas y buitres...

Atrás, tierra o cielo.

Las sábanas conyugales
cubren cuerpos entrelazados,
piedras entre cenizas
cuando la luz los toca.
Cada uno en su cárcel de palabras
y todos atareados construyendo
la Torre de Babel en comandita.
Y el cielo que bosteza
y el infierno mordiéndose la cola
y la resurrección
y el día de la vida perdurable,
el día sin crepúsculo,
el paraíso viceral del feto.

Creía en todo esto,
Hoy duermo a la orilla del llanto.
También el llanto sirve de almohada.

ELOGIO

A Carmen Peláez

Como el día que madura de hora en hora hasta no ser sino un instante
inmenso,
Gran vasija de tiempo que zumba como una colmena, gran mazorca com-
pacta de horas vivas,
Gran vasija de luz hasta los bordes henchida de su propia y poderosa
substancia,
Fruto violento y resonante que se mece entre la tierra y el cielo, suspen-
dido como el trueno,
Entre la tierra y el cielo abriéndose como una flor gigante de pétalos
invisibles,
Como el surtidor que al abrirse se derrumba en un blanco clamor de pája-
ros heridos
Como la ola que avanza y se hincha y se despliega en una ancha sonrisa,
Como el perfume que asciende en una columna y se esparce en círculos,
Como una campana que tañe en el fondo de un lago,
Como el día y el fruto y la ola, como el tiempo que madura un año para dar
un instante de belleza y colmarse a sí mismo con esa dicha instantánea,
La vi una tarde y una mañana y un mediodía y otra tarde y otra y otra
(porque lo inesperado se repite y los milagros son cotidianos y están a
nuestro alcance
Como el sol y la espiga y la ola y el fruto: basta abrir bien los ojos) y des-
de entonces creo en los árboles
Y a veces, bajo su sombra, he comido sin miedo los frutos de una amistad
parecida a las manzanas
Y he conversado con ella y con su marido y su cuñado como hablan entre
Sí el agua y las hojas y las raíces.